Renaturalización del juego libre

Ya que en nuestra entrada anterior hablamos de la ocupación del espacio en los
patios de recreo, me ha parecido pertinente seguir en esta línea y profundizar, esta
vez, en las zona de juego en sí.
Especialmente si se trata de zonas urbanas, que son cada vez menos amables con los
niños/niñas, estos espacios, son entornos muy controlados y asépticos, donde los/las
niños/niñas no tienen ni cómo ni dónde experimentar riesgos saludables.

En opinión
de los expertos/as, los/las niños/niñas necesitan poder experimentar situaciones de
riesgo para su desarrollo a través de la inclusión de esos riesgos en su entorno
cotidiano, y satisfacer necesidades psicológicas fundamentales para la construcción
del ser humano: como la autonomía, o la relación con sus iguales sin la dirección ni la
presencia permanente de los adultos a lo largo de su infancia, o será difícil ponerlas
en práctica de golpe al crecer. Y hoy, lamentablemente, no lo tienen fácil.
Según Heike Freire. Psicóloga, filósofa, experta en infancia, naturaleza e
innovación educativa y autora del Educar en Verde (Graó) y de Estate quiero
y atiende (Herder)
“aprender a medir los riesgos es esencial para desarrollar las capacidades porque
sin riesgo, no hay aprendizaje”.
Yo he tenido la oportunidad de vivir estas zonas de juego, como acompañante, y he
podido comprobar como los/las usuarios/usuarias sólo, encuentran caucho bajo sus
pies y plástico en sus manos. Las opciones que les ofrecen, son figuras terminadas,
que no dan opción a la imaginación o transformación, por lo que acaban yendo de
una a otra frenéticamente, aburridos y buscando la emoción, superando los límites
de ese riesgo controlado. En esta última parte, también se posiciona Penny Ritscher,
maestra y pedagoga estadounidense, en El jardín de los secretos (Octaedro – Rosa
Sensat), donde se plantea si no es precisamente la ausencia de riesgos “la causa de
que los niños acaben haciéndose más daño, ya que no perfeccionan suficientemente
sus habilidades corporales y también se aburren y se ponen más nerviosos”.

Inevitablemente, al presenciar estas situaciones, vinieron a mi mente recuerdos de
mi infancia, donde un tronco, una cuerda, suelos con arena y piedra, o un árbol, se
convertían en herramientas y personajes de historias y aventuras mágicas, una y otra
vez, no había límites. ¿Y dónde encontraba esa posibilidad inagotable de recursos
para mis juegos? En la naturaleza.
Más naturaleza no implica una mayor peligrosidad, pero sí la posibilidad de asumir
más decisiones y de desarrollar más capacidades. Desde finales del pasado siglo XX
hasta hoy se pueden encontrar multitud de estudios que confirman los beneficios
del contacto y el juego en la naturaleza para la infancia a nivel físico, social y
emocional. En este sentido, Clara Pons, divulgadora del juego libre en la naturaleza y
autora del blog educativo Tierra en las manos, también encuentra fundamental que
las zonas de juegos tengan estas estructura distintas, más creativas y que posibiliten
mayores aventuras. “En las zonas urbanizadas es muy difícil encontrar naturaleza, así
que es importante que los parques puedan seguir teniendo materiales naturales en
el pavimento y que haya vegetación porque ese contacto con la naturaleza favorece
la salud de los niños y climas más relajados”, explica Clara.
Según la divulgadora, después de muchos años de fuerte protección de la infancia,
“de acolcharles el entorno al máximo”, es necesaria una revisión de nuestra
percepción del riesgo. “Hay que evitar peligros innecesarios, por supuesto, pero no
les hemos de robar la oportunidad a los niños de evaluar sus propias capacidades y
de tener una infancia sana y divertida”, reclama.

Existen diversas iniciativas de esta renaturalización del espacio: La escuela pública
Colonia Güell de Santa Coloma de Cervelló (Barcelona), es una de ellas. Llevan cuatro
años trabajando en el proyecto y asegura la docente que detectó esta necesidad,
que solo encuentran beneficios: “Hemos mejorado el huerto y tenemos un estanque
con su propio ecosistema. Se dan clases fuera e incluso se celebran asambleas en el
patio. Hemos ganado riqueza en el juego, una mejor convivencia mejor entre los
alumnos y hemos unido a toda una comunidad corresponsabilizando a todo el
mundo del proyecto”.


Otro caso se encuentra, en la escuela pública Martínez Valls de Ontinyent (Valencia),
fue una madre la que transformó la inquietud que había surgido entre parte de las
familias y del profesorado sobre la necesidad de mejorar el escenario de juego de los
niños. Explica Inma Ibáñez que en el proyecto “Patis Actius” el diseño de cada
elemento que han ido incorporando “se ha decidido de forma colectiva, analizando
pros y contras, teniendo en cuenta los fundamentos del proyecto y utilizando
materiales respetuosos con el medio ambiente”- En pocos meses, según Inma, en el
cole ya han notado “un mejor aprovechamiento del espacio” y una disminución de
conflictos en las horas del patio “gracias a que este ofrece mayores posibilidades de
juego”.
Pero no solamente se deben beneficiar de estos cambios, los espacios de juego
dentro de los colegios, así encontramos en Madrid la iniciativa de El Almendro 3,
nacida a finales de 2015 para darle una segunda oportunidad a un solar abandonado
desde la idea de que los niños tuvieran un lugar de juego libre en un barrio tan
turístico y adultocéntrico como La Latina.

Varias AMPAS del barrio, consiguieron que
el Ayuntamiento madrileño acondicionara sin mucho más que el saneamiento de la
tierra, una fuente y la disposición de algunos bancos. “Convocamos una asamblea
con los niños para ver qué querían en el solar. Las cosas que pedían eran una
montaña, una cueva, un dragón y esconder tesoros”, explica Alberto Nanclares, uno
de sus promotores, que considera que “los columpios de hoy en día son aburridos,
poco abstractos y están hiperregulados por la cultura del riesgo”.
A lo largo de estos tres años los usuarios del Almendro 3 han debatido en numerosas
ocasiones acerca de la seguridad del recinto y siempre lo hacen teniendo en cuenta
que “no se puede jugar libremente sin un cuidado colectivo”. Ahora Alberto ha
lanzado una propuesta a través de la plataforma participativa DecideMadrid para
que otros solares de la capital también se conviertan en lugares de juego libre. Su
puesta en marcha podrá ser valorada a lo largo de los próximos meses.

Basado en el blog RECURSOS EDUCATIVOS: Sin riesgo, no hay aprendizaje. Escrito por Angel López Almagro.

Elena Brocalero

Baobab Oci Creatiu

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