Somos ecodependientes e interdependientes

El día 22 de abril se celebró el Día Internacional de la Madre Tierra. Y que mejor manera de conmemorar fecha tan señala para Baobab Espai Comunitari, que escribiendo en la entrada semanal del blog, sobre algunas de las reflexiones que expone Yayo Herrero  a quién os recomiendo que leáis, o mejor todavía, si tenéis la oportunidad, escuchadla.
En este primer acercamiento, y de manera muy sintética y reducida, comenzaré introduciendo el ECOFEMINISMO, corriente que pone al ecologismo y al feminismo en diálogo, y nos permite entendernos mejor como especie y comprender mejor las relaciones de seres humanos y naturaleza, y también la relación de los seres humanos entre nosotros y nosotras.
La vía constructivista del ecofeminismo, sostiene que se han impuesto ciertos roles y papeles en función de la división sexual del trabajo. A partir del desarrollo de la economía como la conocemos en la sociedad occidental, se ha construido una cultura y una forma de organizar la vida que sistemáticamente le ha declarado la guerra a los cuerpos y a los territorios.
Parémonos a pensar en cuales son las bases materiales que sostienen la vida humana:
Somos seres ECODEPENDIENTES, es imposible pensar la vida humana al margen de los ecosistemas, al margen de la biosfera y al margen de la naturaleza. Somos parte de la naturaleza, y no está a nuestro servicio, como hemos asumido por la lógica de la acumulación. Así que como tal dependemos radicalmente de los procesos, recursos y de las dinámicas que se dan en este sistema complejo y finito, que es la naturaleza.
Y además somos seres radicalmente INTERDEPENDIENTES, es imposible pensar en la existencia de un ser humano en soledad, durante los primeros años de crianza no podemos concebir la supervivencia sin la existencia de gente alrededor que le está dedicando tiempo y energía a la supervivencia. Lo mismo ocurre con personas mayores, personas con alguna enfermedad o necesidad especial. A lo largo de toda la vida, pero sobre todo en algunos momentos, la vida humana depende radicalmente, del trabajo que otras personas nos dedican.
Esta dependencia viene dada por el hecho de que los seres humanos, vivimos en cuerpos que son vulnerables. Aunque en nuestra cultura se invisibilice, los cuerpos envejecen, mueren y son finitos y por tanto en su evolución estos cuerpos vulnerables necesitan de este trabajo de otras personas que hay alrededor, pero que también existen límites en su vida y en la capacidad para cuidar de la vida humana. Por los roles que impone la división sexual del trabajo, estas tareas de cuidados, son mayoritariamente realizadas en un espacio privado invisible, los hogares, y son mayoritariamente realizados por mujeres.
Sin embargo, hemos construido un sistema económico que no conoce límites, que necesita crecer de manera permanente y continua y esto nos somete a una contradicción importante. Nuestro modelo social y cultural, permanece ajeno e invisibiliza precisamente aquello que le permite estar vivo.
Algunos elementos que han provocado un cambio radical en la manera de entender la ecodependencia y la interdependencia .
-Reducir el concepto de valor, al concepto de precio. Hace desaparecer los bienes y procesos que mantienen cotidianamente la vida: la polinización, el parir, una vejez que merezca la pena vivir, QUE NO TIENEN PRECIO, Y ADEMÁS SON INSUSTITUIBLES, una vez deteriorados o pasan cientos de años para recuperarlos, o directamente no se pueden volver a regenerar.
-Transformación que se produce, cuando la producción pasa a ser la generación de valor en términos monetarios , y deja de ser simplemente la obtención de bienes y servicios necesarios para satisfacer necesidades. Cuando pasamos a medir la producción en términos monetarios, dejamos de preguntarnos sobre la naturaleza de la actividad que sostiene esa producción, y llamamos producción igual a fabricar cualquier cosa, aunque desde el punto de vista de la satisfacción de las necesidades humanas y del bienestar, sean radicalmente diferentes.
Cuando el valor, sólo es una dimensión económica, directamente queremos que esa dimensión crezca al máximo posible y aparece este mito del crecimiento, que sostiene que incrementar los valores en el ámbito de lo monetario es sistemáticamente bueno, y dejamos de preguntarnos sobre la cuestión del reparto de esta riqueza, de qué? para qué? Cuanto? y cómo se produce? llegando en el extremo a la situación que tenemos ahora. Economías que han crecido, a costa de la transferencia de materiales, energía y trabajo humano de otros lugares, donde a su vez esos huecos quedan sin cubrir. ¿Una ciudad produce algo para estar vivo? tenemos que traer sistemáticamente de fuera energía, materiales, alimentación y sacar fuera los residuos que se producen. Son economías que crecen y se sostienen a costa de otros cuerpos y otros territorios.
Llegamos a la reducción de lo económico, a la esfera de lo que tiene precio, de lo que se compra y se vende. Lo que ha conseguido es que se acuñe una nueva noción de trabajo, y se distinga entre producción y reproducción. Trabajo es el trabajo remunerado a cambio de un salario y todas las tareas que se encargan de sostener cotidianamente la vida humana, es todo lo demás, no trabajo, que se recluyen en un espacio privado, que por no medirse con la vara del dinero pasa a ser invisible.
Como pautas para poder transitar hacia otro modelo, debemos volver a resituar al ser humano como parte de la naturaleza , asumir la dimensión ecodependiente de la vida humana, devolver el valor de las relaciones entre las personas y asumir esa faceta interdependiente de la viuda humana, como los elementos centrales. Lo que está en riesgo son las bases de la propia condición humana, y nos hace humanos entender los limites , los limites de la naturaleza no es una opción , es un dato.
Como trabajo personal, deberíamos preguntarnos cuales son las necesidades del ser humano, que hay que producir para satisfacer esas necesidades, y en función de lo anterior, los trabajos que son socialmente necesarios.

Naturaleza, sol, vida

En mi anterior entrada sobre pedagogía verde hablamos sobre la importancia del contacto con la naturaleza desde las edades más tempranas para un correcto desarrollo de personas sanas. Cómo, las personas en contacto con la naturaleza, desarrollamos vidas más sostenibles y en consonancia con nuestro entorno. Avanzando un poco más en esta pedagogía verde y hoy hablaremos del poder curativo de la naturaleza.

Hace años la tierra era considerada como un elemento inerte sobre el que desarrollábamos la vida los seres humanos y los seres que se movían. Esta idea empezó a replantearse desde hace años. Los pueblos que rinden culto a la Pacha Mama, la consideran un ser vivo, un todo, un ente superior que se autorregula, que tiene vida propia, a la que hay que cuidar y respetar. Esta Pacha Mama existió antes que el ser humano. La finalidad de la Tierra es la protección de la vida y de los seres que en ella habitan. Por lo que la nueva biología parte de la idea de que el concepto de vida debe de incluir no solo los seres vivos si no también los seres inertes como las moléculas, las rocas y los minerales porque forman parte de un todo, que es la Pacha Mama. Aquí es donde va a surgir el concepto de biodiversidad, la cual será más rica cuantas más especies existan sobre la tierra y formen ecosistemas. Estas especies contaran con más vitalidad energética y capacidad para regular las condiciones de vida en el planeta y de esta manera hacer posible su continuidad sostenible de la Pacha Mama.

El vinculo que tenemos con la naturaleza proviene de los sentimientos, de ese sentimiento de formar parte de un todo, de la Pacha Mama. Naturalmente estamos en constante intercambio de energía con la naturaleza aunque racionalmente no nos demos cuenta, pero estamos más conectados de lo que nos creemos. Por eso nuestra salud y la salud de la naturaleza están claramente interconectadas.

Actualmente muchas de nuestras enfermedades puede que vengan derivadas de la falta de contacto con la naturaleza, falta de conexión con nuestro vinculo natural con la Gaia. Nuestro estilo de vida, de trabajo, hace que cada vez estemos mas desconectados del medio ambiente y esto tiene consecuencias en nuestra persona y en nuestros/as menores. Numerosos estudios demuestran que hay una relación directa entre “nuestro vigor físico, mental y espiritual de niños y adultos, con la riqueza y calidad de sus experiencias con la naturaleza” (R.LOUV, The last child in the woods)

Por ejemplo, el sol es una fuente primaria de vitamina D. En nuestra infancia es la responsable de la fijación del calcio en los huesos y cuya carencia puede producir raquitismo. Se aconseja disfrutar del sol al menos 15 minutos al día al aire libre. Este simple gesto favorece el correcto desarrollo muscular en la adolescencia, asegura el buen funcionamiento del hígado e intestinos, protege el corazón, refuerza el sistema inmunitario y nervioso, la capacidad de atención, el aprendizaje, etc. Este pequeño gesto de pasar 15 minutos al día al sol consigue que nuestro sistema inmunitario esté más fuerte para afrontar las largas jornadas de trabajo y estudio que soportamos cada día. 

El tiempo de la naturaleza no es lineal, sino que es cíclico. Es un ciclo que va respetando los ritmos de cada ser vivo y los cuales no deberían acelerarse para que todo estuviera en armonía con todo el sistema. Las actividades que se llevan a cabo al aire libre dan una sensación de paz y armonía, reducen el riesgo de padecer enfermedades mentales, da sensación de bienestar y aumenta la autoestima. Solo con pasear 5 minutos por un parque, pasear en bici o escuchar el agua correr de un río es suficiente para sentir estos beneficios. O simplemente en tu trabajo tener una ventana donde poder observar una zona verde, un parque, arboles, jardines…. sirven para llevar a cabo el trabajo diario de una manera mas positiva y productiva.

Los hermanos Kaplan acuñaron el concepto “medio ambiente restaurador” para comentar el efecto calmante y relajante del verde. (R. Kaplan y S. Kaplan The experience of nature: a psycological perspetive). Así que intentemos sacar esos 15 minutos para ponernos al sol, pasear por un parque, ir mas en bici, escapar a la montaña los fines de semana, antes que quedarnos en el sofá…. Y a la larga sentiremos los efectos positivos que se producen en nuestro organismo y en el de toda nuestra familia.

Laura Casla

Baobab Espai Comunitari

Construimos conocimiento, compartimos humanidad

Si nos preguntas a quién va dirigido todo el trabajo de Baobab Espai Comunitari, te diremos a las personas de nuestro ámbito territorial; pueden ser niños, niñas, adolescentes, adultos, reunidos por edades o por intereses.

Pero hay otro aspecto, deseamos que nuestras intervenciones propicien dejar al ser humano que llevamos dentro, tan denostado al ser reducido a un simple consumidor. Nuestro trabajo pone los medios para que sea una experiencia multidimensional, “la excusa” compartir temas como ecología desarrollo sostenible, la ciudad espacio vivo, los valores humanos, la sostenibilidad.

Nos seguimos planteando la complejidad de nuestros interlocutores, que deseamos fervientemente que nos respondan y se planteen preguntas desde la creatividad, la emoción, la pasión, la suavidad, desde la inteligencia y el sentir.

Seguimos formándonos para construir conocimientos, experiencias, emociones sobre los temas que focalizan nuestras intervenciones, seguimos construyendo…

Irene Diez

Baobab Espai Comunitari

Renaturalización del juego libre

Ya que en nuestra entrada anterior hablamos de la ocupación del espacio en los
patios de recreo, me ha parecido pertinente seguir en esta línea y profundizar, esta
vez, en las zona de juego en sí.
Especialmente si se trata de zonas urbanas, que son cada vez menos amables con los
niños/niñas, estos espacios, son entornos muy controlados y asépticos, donde los/las
niños/niñas no tienen ni cómo ni dónde experimentar riesgos saludables.

En opinión
de los expertos/as, los/las niños/niñas necesitan poder experimentar situaciones de
riesgo para su desarrollo a través de la inclusión de esos riesgos en su entorno
cotidiano, y satisfacer necesidades psicológicas fundamentales para la construcción
del ser humano: como la autonomía, o la relación con sus iguales sin la dirección ni la
presencia permanente de los adultos a lo largo de su infancia, o será difícil ponerlas
en práctica de golpe al crecer. Y hoy, lamentablemente, no lo tienen fácil.
Según Heike Freire. Psicóloga, filósofa, experta en infancia, naturaleza e
innovación educativa y autora del Educar en Verde (Graó) y de Estate quiero
y atiende (Herder)
“aprender a medir los riesgos es esencial para desarrollar las capacidades porque
sin riesgo, no hay aprendizaje”.
Yo he tenido la oportunidad de vivir estas zonas de juego, como acompañante, y he
podido comprobar como los/las usuarios/usuarias sólo, encuentran caucho bajo sus
pies y plástico en sus manos. Las opciones que les ofrecen, son figuras terminadas,
que no dan opción a la imaginación o transformación, por lo que acaban yendo de
una a otra frenéticamente, aburridos y buscando la emoción, superando los límites
de ese riesgo controlado. En esta última parte, también se posiciona Penny Ritscher,
maestra y pedagoga estadounidense, en El jardín de los secretos (Octaedro – Rosa
Sensat), donde se plantea si no es precisamente la ausencia de riesgos “la causa de
que los niños acaben haciéndose más daño, ya que no perfeccionan suficientemente
sus habilidades corporales y también se aburren y se ponen más nerviosos”.

Inevitablemente, al presenciar estas situaciones, vinieron a mi mente recuerdos de
mi infancia, donde un tronco, una cuerda, suelos con arena y piedra, o un árbol, se
convertían en herramientas y personajes de historias y aventuras mágicas, una y otra
vez, no había límites. ¿Y dónde encontraba esa posibilidad inagotable de recursos
para mis juegos? En la naturaleza.
Más naturaleza no implica una mayor peligrosidad, pero sí la posibilidad de asumir
más decisiones y de desarrollar más capacidades. Desde finales del pasado siglo XX
hasta hoy se pueden encontrar multitud de estudios que confirman los beneficios
del contacto y el juego en la naturaleza para la infancia a nivel físico, social y
emocional. En este sentido, Clara Pons, divulgadora del juego libre en la naturaleza y
autora del blog educativo Tierra en las manos, también encuentra fundamental que
las zonas de juegos tengan estas estructura distintas, más creativas y que posibiliten
mayores aventuras. “En las zonas urbanizadas es muy difícil encontrar naturaleza, así
que es importante que los parques puedan seguir teniendo materiales naturales en
el pavimento y que haya vegetación porque ese contacto con la naturaleza favorece
la salud de los niños y climas más relajados”, explica Clara.
Según la divulgadora, después de muchos años de fuerte protección de la infancia,
“de acolcharles el entorno al máximo”, es necesaria una revisión de nuestra
percepción del riesgo. “Hay que evitar peligros innecesarios, por supuesto, pero no
les hemos de robar la oportunidad a los niños de evaluar sus propias capacidades y
de tener una infancia sana y divertida”, reclama.

Existen diversas iniciativas de esta renaturalización del espacio: La escuela pública
Colonia Güell de Santa Coloma de Cervelló (Barcelona), es una de ellas. Llevan cuatro
años trabajando en el proyecto y asegura la docente que detectó esta necesidad,
que solo encuentran beneficios: “Hemos mejorado el huerto y tenemos un estanque
con su propio ecosistema. Se dan clases fuera e incluso se celebran asambleas en el
patio. Hemos ganado riqueza en el juego, una mejor convivencia mejor entre los
alumnos y hemos unido a toda una comunidad corresponsabilizando a todo el
mundo del proyecto”.


Otro caso se encuentra, en la escuela pública Martínez Valls de Ontinyent (Valencia),
fue una madre la que transformó la inquietud que había surgido entre parte de las
familias y del profesorado sobre la necesidad de mejorar el escenario de juego de los
niños. Explica Inma Ibáñez que en el proyecto “Patis Actius” el diseño de cada
elemento que han ido incorporando “se ha decidido de forma colectiva, analizando
pros y contras, teniendo en cuenta los fundamentos del proyecto y utilizando
materiales respetuosos con el medio ambiente”- En pocos meses, según Inma, en el
cole ya han notado “un mejor aprovechamiento del espacio” y una disminución de
conflictos en las horas del patio “gracias a que este ofrece mayores posibilidades de
juego”.
Pero no solamente se deben beneficiar de estos cambios, los espacios de juego
dentro de los colegios, así encontramos en Madrid la iniciativa de El Almendro 3,
nacida a finales de 2015 para darle una segunda oportunidad a un solar abandonado
desde la idea de que los niños tuvieran un lugar de juego libre en un barrio tan
turístico y adultocéntrico como La Latina.

Varias AMPAS del barrio, consiguieron que
el Ayuntamiento madrileño acondicionara sin mucho más que el saneamiento de la
tierra, una fuente y la disposición de algunos bancos. “Convocamos una asamblea
con los niños para ver qué querían en el solar. Las cosas que pedían eran una
montaña, una cueva, un dragón y esconder tesoros”, explica Alberto Nanclares, uno
de sus promotores, que considera que “los columpios de hoy en día son aburridos,
poco abstractos y están hiperregulados por la cultura del riesgo”.
A lo largo de estos tres años los usuarios del Almendro 3 han debatido en numerosas
ocasiones acerca de la seguridad del recinto y siempre lo hacen teniendo en cuenta
que “no se puede jugar libremente sin un cuidado colectivo”. Ahora Alberto ha
lanzado una propuesta a través de la plataforma participativa DecideMadrid para
que otros solares de la capital también se conviertan en lugares de juego libre. Su
puesta en marcha podrá ser valorada a lo largo de los próximos meses.

Basado en el blog RECURSOS EDUCATIVOS: Sin riesgo, no hay aprendizaje. Escrito por Angel López Almagro.

Elena Brocalero

Baobab Oci Creatiu